Aunque pueden elegir entre presencial, remoto o híbrido, la gran mayoría se inclina por este último. ¿La razón? El modelo híbrido les da lo mejor de ambos mundos: autonomía para organizar sus tiempos y espacios, pero también la posibilidad de construir relaciones reales en la oficina. Para esta generación, conectar con colegas, aprender de líderes y colaborar cara a cara sigue siendo valioso, pero no a costa de su libertad.
El full remoto también tiene adeptos, especialmente entre quienes priorizan movilidad y autonomía total. Sin embargo, muchos advierten los desafíos: aislamiento, dificultad para crear vínculos profesionales y falta de estructura que complique el balance vida-trabajo.
¿Y el formato 100% presencial? Es el menos popular. La Gen Z lo percibe como rígido, poco eficiente por los traslados, y limitado en cuanto a independencia. Solo quienes trabajan en sectores como salud o retail lo eligen por necesidad.
Está claro: el futuro del trabajo para la Generación Z es flexible. Las empresas que lo entiendan y ofrezcan modelos híbridos bien diseñados, con oportunidades de desarrollo y conexiones genuinas, estarán un paso adelante para atraer al talento joven.
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